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SANGRE Y SILLAR

SANGRE Y SILLAR

Se llama Glauco, y es hermanastro de mi abuela Alicia, casi toda mi vida pensé que el parentesco entre ellos, era de padre y madre, pero estaba equivocado, pude saber aquella verdad después de una última visita a casa de los abuelos, con el fin de rescatar algunas fotos que quería obtener para armar mi genealogía, lo supe después de una larga conversación con algunos parientes que aún viven allí, rodeados de sillar, recuerdos y secretos.

Solo entonces pude entender cuál es el vínculo verdadero entre Mama Alicia y Tío Glauco, lo interesante de todo esto fue que si no me lo hubieran contado, nunca podría haberlo especulado, es creo yo un secreto muy bien guardado por toda la familia que nunca habían compartido conmigo, aun siendo yo el nieto mayor de la casa, el hecho es que nunca lo habría supuesto siquiera, siempre intenté imaginar el rostro de mis bisabuelos, por medio de las facciones de mi abuela y su hermano, tan parecidos entre ellos, perfiles arequipeños que ya no existen ahora, como diríamos, caras antiguas enmarcadas en lugares añejos, en los cuales solo podemos imaginar faroles, casonas antiguas, y anécdotas del siglo pasado. Incluso hasta suponía que eran gemelos, pues salvando la diferencia de género, todo lo tienen idéntico, sus ojos tan verdes, la mirada profunda, la nívea palidez de sus rostro, sus formas tan antiguas y exquisitas, en fin, hasta la manera de pensar es similar, diríase que tío Glauco es un calco en vida de mi querida abuela, pues inclusive exhibe la calvicie incipiente que ella siempre ocultaba en sus últimos años bajo unos hermosos gorritos de lana que tejía primorosamente.

Mi querida abuela Alicia ya no está en la casa familiar, tengo que visitarla en otra lugar de la ciudad, un sitio algo distante de la ubicación donde paso muchos años dedicada a sus hijos y su hogar, un punto de la Ciudad Blanca, sagrado para mí, está ahora al lado del capullo de mi madre, en la tranquilidad de un jardín, debo ir al cementerio llamado Parque de la Esperanza en mi querida Arequipa.

La imagen de Tío Glauco es muy vaga en mis recuerdos de niñez, en ellos, solo hay solo retazos de su mirada profunda, la delicadeza que siempre tuvo al hablarme, sus formas tan antiguas muy protocolares y grabada en mi mente la ocasión en que lo vi por primera vez.

Fue un día que jugaba a los soldados con mi primo Miguel, estábamos en la huerta de la casa solariega, esa mañana como siempre, después de haber cavado algunos hoyos entre las flores, procedimos a esconder profundamente en la tierra algunos soldados de madera que el abuelo tallaba finamente en su taller, por cierto, nunca volví a sacar a los muñecos de aquel escondrijo, allí deben estar esperando que mis hijos o sobrinos, los hallen al jugar en alguna ocasión, en ese lugar de nuestra niñez.

Aquella vez, nos hallábamos distraídos en un juego infantil casi olvidado en esta generación, que trata de esconder un tesoro, para luego elaborar un mapa que guie hasta donde lo hubiéramos escondido, leímos en detalle la isla del tesoro de Mark Twain y esa aventura había quedado muy detalladas en nosotros.

Recuerdo inclusive que birlamos pedazos de cuero pulido por el reverso, con el fin de realizar trazos al estilo corsario, con marcas de pasos, lugares, promontorios y calaveras, acabando con la X tradicional en el punto secreto.

Como dije, estaba absorto tratando de dejar la superficie de tierra lo más plana posible, para evitar que curiosos pudieran descubrir nuestra riqueza, cuando vi en la pared de una de las estructuras, un sillar enorme que estaba sobresaliente, con rastros de haber sido movido anteriormente. Los sillares antiguos son voluminosos, casi tanto como los adobes que hay en la sierra, estos ocupan en las casas antiguas una buena parte de la estructura de una pared, un ejemplo está en mi casa paterna hay varios lugares donde la construcción muestra cavidades bastante grandes donde han obviado poner uno o más de ellos, formando así oquedades que pueden tener el uso más disímil. El modelo más interesante y donde también pase muchas horas de juegos, estaba entre la cocina y el comedor, donde la falta de dos adobes formaba un pasadizo que una vez cerrado por paneles a cada lado eran un retiro ideal para los juegos de escondite con mi hermana.

El sillar estaba muy cercano a nuestro secreto, pensé entonces en extraerlo y arrástralo hasta el lugar del tesoro, para así disimular aún más el lugar, entonces tratamos de forzarlo con las barretas de nuestro abuelo, pero era enorme y no pudimos moverlo, tenía maleza en la base y aunque procuramos escarbar en torno, no conseguimos mover ni un centímetro aquella mole antigua. Intentamos muchas formas, aún más con el apremio de la hora, pues llegaba el final del tiempo de juegos, marcada con la llamada al comedor de piso de ladrillos de los abuelos y no queríamos perder el delicioso almuerzo de la abuela. Probamos de todo, entonces mi primo cansado se retiró a tomar un vaso de agua y ver si disponíamos de ayuda adicional, yo desfalleciente trataba de empujar una vez más el sillar, entonces tras un esfuerzo supremo, sentí que se movía levemente, imagine que la dieta de espinacas había dado resultado y que mis exiguas fuerzas infantiles por fin podrían equipararse a las de mi héroe favorito de los dibujos animados, Entonces al levantar la mirada vi con asombro a un señor enfundado en un traje antiguo, creo un frac o levita, y con mirada profunda, que estaba ayudándome a empujar el obstáculo, por cierto que más que seguir quede inmóvil ese momento, había visto hace poco en la televisión a blanco y negro de la sala filial, una película de vampiros y el protagonista, con la misma mirada profunda, estaba ahora ayudándome con el sillar.

Hola me dijo, soy tu tío Glauco, hermano de tu abuela Alicia, vivo al frente de esta casa, tú eres Antonio, ¿no es así? Asentí con el poco valor que me quedaba, estaba aterrorizado, esperaba que saltara en cualquier momento a mi cuello para tomar su almuerzo con mi sangre y luego verlo convertirse en murciélago o algo por el estilo, para entonces escapar a su ataúd que debería estar en algún recóndito lugar del sótano, seguramente estaba acostumbrado a actitudes como la mía, pues según me contaron luego, como una característica incólume en él no hablaba casi con nadie, incluso hoy, solo responde a la voz de los que quedan viviendo en casa de los abuelos o solamente a la mía cuando voy a visitarlo. Aquella ocasión, condescendió a dirigirme la palabra, porque soy el nieto mayor, y eso llevaba a un lugar privilegiado a sus ojos.

No supe que responder, como dije imaginaba que la película vista la noche anterior estaba haciéndose realidad, estaba clavado en el sitio, algunos indicios indicaban sobre lo improbable de aquella idea, era casi medio día, el sol de Arequipa hendía directamente sobre nosotros, Tío Glauco estaba allí y no se había carbonizado bajo los rayos de ese enemigo mortal para los vampiros, así que esta circunstancia me tranquilizaba un poco respecto a mis temores, el sillar se movió finalmente, debía tener fuerza sobrehumana pues llegó al lugar escogido con un solo impulso, entonces irguiéndose, en un tamaño desmesurado a mi pobre humanidad, me dirigió una sonrisa y se alejó sin despedirse hacia la puerta de la huerta.

El delicioso almuerzo estuvo salpicado por retazos de historias de la familia, era raro a mis ojos que tío Glauco no estuviera sentado a la mesa, aún más extraño que nadie lo mencionara siquiera en la sobremesa, no me atreví a preguntar, estaba todavía pasmado por el episodio y pensaba que me tomarían por loco si lo hacía. Terminé el almuerzo y pidiendo permiso salí de casa para convencerme que no había sido un sueño, al pasar por el huerto vi el sillar en su nueva ubicación, así que ese indicio demostraba que parte del episodio era real, al frente de ella, una pequeña construcción con la puerta abierta invitaba a ingresar sin tocar, no me atreví a entrar, solo fui capaz de observar el conjunto desde el exterior, lo extraño fue que no habían ventanas visibles y que extraordinariamente se veía una obscuridad densa en el interior de la habitación, casi se podía sentir como la luz rebotaba desde aquel resquicio al exterior y una especie de barrera, como cortina desconocida impedía que se pudiera ver más allá de ese límite, no quise ver más, regrese a la casa familiar y me cobije en la sala, cogiendo las revistas epopeya de mis tíos y tratando de reordenar mis ideas.

La noche llegó, y mi sueño era intranquilo, sonó la medianoche en el reloj del salón principal y me levanté a tomar agua para refrescarme en aquella vigilia que se me hacía muy larga, desde el gran ventanal de la sala, se observaba claramente la calle y el frente de la casa, en ese momento una sombra con ojos brillantes se deslizó desde la puerta de tío Glauco y mirando en mi dirección se perdió calle abajo, un sentimiento de valor inconsciente, similar al de los protagonistas de mis lecturas me impulso a seguirlo, Salí rápidamente a la calle y alcance a ver aun al personaje volteando la esquina, al llegar a ella la distancia entre nosotros era más corta, aun podía entrever que se había detenido a media calle y estaba conversando con alguien, en actitud extraña. Me oculté tras un bordillo y siguiendo su trayectoria me arrastré, acercándome aún más a su ubicación, la actitud era extraña, tío Glauco monopolizaba la conversación, desde mi nueva posición solo podía escuchar el episodio y su voz era la única que se escuchaba irregularmente, no se oía palabra inteligible, pero el tono era imperioso, apagados murmullos que pensaba eran de asentimiento salían del otro personaje, me contentaba por estar cerca y tal vez en cierto momento pudiera escuchar o ver algo que aclararía lo extraño del momento.

Creo que quede dormido en mi posición, cuando me di cuenta, no se escuchaba nada, el silencio era profundo y ominoso, me atreví a asomarme al borde del parapeto, no vi a nadie en la calle, me incorporé y observé que los protagonistas ya no estaban en el lugar que había supuesto. Un bulto extraño, se advertía bajo el soto en el cual me encontraba, no había reparado en el anteriormente, más teniendo en cuenta que había llegado al punto, arrastrándome por el interior, rodee la ubicación para acercarme al objeto extraño, pero no llegue a acercarme totalmente, se trataba de un cuerpo exánime muy pálido, con marcas en al cuello no se notaban signos vitales en él, muy asustado corrí hasta la casa, entre hasta mi habitación sin ningún cuidado y arrebujándome entre mis sabanas espere la agonía del amanecer en aquella noche que se antojaba eterna.

Al día siguiente conté a mi primo sobre lo que había pasado, no quiso creerme, dijo que nunca le había mencionado a tío Glauco y que seguramente el día anterior me había asoleado mucho en el jardín, insistí respecto a lo que yo creía era cierto, pero una semilla de duda ya había germinado en mí, Miguel me dijo que lo comprobáramos visitando el cuarto del frente, y yo acepté, más por orgullo que por valor, pues aún quedaban vividas las escenas de la noche pasada. La hora pactada fue al anochecer, pues en ese momento la familia estaría ocupada con la quehaceres de la cena, cogimos uno de los fanales de nuestro abuelo, y saliendo a la calle cruzamos directamente a la puerta que ahora se notaba entrecerrada pero sin seguro.

Tocamos tímidamente, pero no se advertía presencia inmediata tras la entrada, empujamos el acceso y la puerta se entreabrió con un gruñido agudo, por un momento nuestra resolución se vio afectada pero un impulso, casi como un empujón en la espalda nos impulsaron a entrar en el rellano que a pesar de nuestra luz se advertía sin iluminación y casi se podía notar como nuestro farol disminuía su iluminación al entrar en contacto con aquellas tinieblas. Un efluvio irrespirable nos rodeaba, y miguel sintiendo alguna clase de recelo tiro de mí para salir de aquel lugar.

No pudimos marcharnos, la puerta estaba cerrada por completo, tratamos de forzarla pero nuestros bríos fueron inútiles, no quedaba más que seguir adelante, tratando de encontrar otra salida, y con ella el final de nuestra precoz aventura, un pórtico escondido a nuestra derecha nos invitaba a profundizar el raid, arrastrando los pies y viendo como nuestro reflector se agotaba definitivamente, nos introdujimos en el laberinto. No tuvimos que caminar mucho, después de bajar unas gradas mohosas, una gran losa interrumpió nuestra senda, la estela estaba fuera de su lugar pues se hallaba inclinada hacia un lado, al acercarnos vimos en el interior los avíos de un lecho carmesí, algunos rastros de sangre coagulada se percibían en la almohada de un blanco intenso, y en los lados del mármol se notaban arañaos como forjados por garras inhumanas.

No alcanzamos a ver más detalle, un ruido vibrante en la puerta nos obligó a buscar refugio en una oquedad del recinto, no reparamos que nuestra lámpara quedaba olvidada al lado del sepulcro, desde mi posición, sentía un arrastrase de pies en dirección al tálamo de pesadilla y luego de oír que la tapa se deslizaba hui apresuradamente con dirección a la calle. No reparé en que Miguel aún se encontraba en el interior de la cripta, mucho después que había recuperado el resuello en la sala común, lo busqué por toda la casa pero no lo hallé y al salir a la calle observé que salía en ese momento de la puerta tenebrosa, su rostro reflejaba un estupor profundo y tuve que zarandearlo para que vuelva a ubicarse en este mundo.

Nunca comentamos nada entre nosotros, una mutua promesa de silencio se había establecido con sangre, veía muy de vez en cuando a tío Glauco cuando volvía por la casa de los abuelos y aun lo vi por última vez el día del sepelio de mi abuela, Miguel creció y se fue al extranjero por trabajo así que no había con quien siquiera conversar de este episodio fantástico de mi niñez. Lo extraño de todo esto es que la puerta del frente nunca más estuvo abierta y nadie pudo confirmar la extraña actitud de mi tío abuelo, mis hijos están jugando ahora en la huerta, y ya viene Diego preguntando porque hay un sillar en medio del jardín, y si pueden moverlo, veo por la ventana y junto a mi hijo mayor esta tío Glauco sonriendo y agachándose para ayudarlo a empujar el sillar y así permitirles encontrar mi tesoro.

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