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LOS MOROCHUCOS

En las pampas de Cangallo, a 113   kilómetros de la ciudad de Ayacucho, habitan los famosos Morochucos. Ellos difieren desde todo punto de vista de los demás aborígenes peruanos. Hay todavía muchos blancos, de ojos celestes y largas barbas. Pre­fieren la ganadería a la agricultu­ra. Y hombres, mujeres y niños son eximios jinetes sobre unos caballos peludos, pequeños pero incansables.

Los Morochucos son bohe­mios y grandes consumidores de alcochol, van vestidos con largos ponchos de tinte sombrío, con el chullo o chumko bien ceñido hasta las orejas, y el pañuelo rojo atado debajo del sombrero alón.

El nombre de los Morochu­cos, según algunos investigado­res proviene de dos voces que­chuas: Moro, que significa “di­versos colores”; y “chuco”, que quiere decir “gorra”.

El Morochuco es fuerte y altivo y le gusta echar prosa en las fiestas.

Los Morochucos participaron en la gesta emancipadora enca­bezados por el valiente caudillo Basilio Auqui, indio prototipo del pampino altivo y rebelde en cuyas manos se sostuvo la ban­dera de la revolución y de resis­tencia por varios años.

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