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Cajamarca

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Plaza de Armas de Cajamarca. En este mismo lugar los españoles capturaron y ejecutaron al Inca Atahualpa.

Recostada en el fondo de un inmenso y maravilloso valle, engarzada entre los domos de los cerros cuajados de verdes que la rodean como cúpulas inmensas, la histórica ciudad de Cajamarca, más española que indígena, levanta como para recibir al via­jero desde lejos, vetustas espada­ñas y sus torres como relicarios de piedra blanca.

Alrededor de su Plaza de Ar­mas, que se levanta en el mismo lugar donde la enjoyada y fabu­losa litera del Emperador Atahualpa fue sarandeada por un puñado de andrajosos e increíbles aventureros, la ciudad guarda en sus piedras derruidas, el eco del grito le jano de su histo­ria indígena; y en sus viejas caso­nas, iglesias, conventos y calles, la presencia española, con refle­jos indígenas, a través de los siglos.

El lujosísimo acabado de sus construcciones coloniales, la prestancia y altivez de sus líneas aristocráticas, hacen de esta ciu­dad quizá la más española de todas las ciudades del Perú, con­servada casi intacta a través del tiempo, como un museo viviente.

Conquistadores turbulentos y místicos e indios silenciosos y artistas, nos legaron este relica­rio viviente, levantado a 2,750 metros de altura sobre el nivel del mar, con un clima benigno y soleado, que desmiente la etimo­logía de su nombre indígena – Cassamalca-, “región abierta o región fría”, según quieren algu­nos estudiosos.

La ciudad está enclavada en el fondo del valle, en una espaciosa llanura, al pie de las faldas de la Cordillera Oriental de los Andes.

Las calles son anchas, con sen­sible inclinación y cortadas por otras en perfectos ángulos rectos, que forman algo más de 150 man­zanas cuadrilongas, que están ordenadas en seis largos jirones longitudinales y doce cortos transversales.

La mayoría de sus casas son construidas de adobe y cubiertas con techos de tejas. Muchas de ellas ostentan pórticos de piedra con singular talladura.

Las iglesias de Cajamarca están entre las más hermosas del Perú y América, y es tan notable su riqueza arquitectónica como la de sus altares labrados.

El turista nota que hay muchas iglesias que no tienen torres, o las muestran truncadas.

Esto se debe, según autorida­des religiosas del lugar, a una argucia de las congregaciones que las construyeron. La corona de España otorgaba una cantidad X a la orden que tenía una iglesia en construcción y, al terminarla, la orden religiosa debía pagar un impuesto a la corona, a su vez. Como se consideraba que la construcción de una iglesia sólo concluía con la terminación de sus torres, éstas no se remataban nunca y así las órdenes recibían permanentemente el subsidio de la Corona.

La Pila de la Plaza de Armas

La bella pila ornamental de la Plaza de Armas de Cajamarca, fue colocada en el centro de esta amplia plaza (donde fuera aho­gado contra un garrote el Inca Atahualpa, el año de 1562) siendo Corregidor de Cajamarca Don Juan Aróstegui, según reza en sus leyendas respectivas.

Esta noble pila colonial se compone de un esbelto y grácil cuerpo central y una amplia taza octogonal, constituyendo ambas partes una sola pieza pétrea.

Según el notable historiador Horacio Villanueva Urteaga, tan importante ejemplar de arte es uno de los pocos en este género que los españoles dejaron en las plazas de las viejas ciudades del Perú.

En el decurso del tiempo hasta nuestros días, ha sido restaurada varias veces, según también rezan las leyendas colocadas a los lados de la taza.

Frondosa fachada labrada en piedra de la Catedral de Cajamarca.
Frondosa fachada labrada en piedra de la Catedral de Cajamarca.

LA CATEDRAL

El Templo de Santa Catalina o La Catedral, levantado en un ángulo de la Plaza Principal -al lado de la cual se ha edificado el horrible edificio del Hotel de Turistas- ostenta una imponente fachada, con las torres laterales a medio construir y luciendo una verdadera explosión de arte pla­teresco: columnatas y arabescos, comizas y hornacinas, columnas salomónicas entrelazadas por grandes racimos entre hojas de vid, complicaciones minuciosas e infinitas, todas labradas maravi­llosamente en lava volcánica. La

parte superior ha sido decorada por un Tapiz de hojas grandes.

SAN FRANCISCO

La iglesia franciscana de San Antonio, conoc ida por San Fran­cisco, fue uno de los primeros templos católicos erigidos por los españoles en el Perú.

El gran templo es de estilo renacimiento-español, y su fachada barroco-plateresca, que no se ha terminado, pero esto no le resta belleza.

Tiene tres naves, siendo la central más elevada, con sus cor- nizas que se distinguen por la pureza de sus líneas de impeca­ble estilo jónico, con bóvedas de cañón, sostenidas por arcos tora­les. La nave central remata en una monumental cúpula.

El templo está considerado como una joya arquitectónica de primera clase.

Iglesia de BELEN

Este bellísimo edificio de can­tería, de una sola nave, cautiva la atención por su lujosísima fachada de un gusto exquisito, por los primorosos relieves que engalanan sus columnas y capite­les, por las delicadas esculturas en su fachada, bóveda y esbelta cúpula.

Es maravillosa la aplicación de rombos superpuestos en los vanos, en las torres inconclusas, en las comizas de la nave inte­rior, en las puertas internas, talladas primorosamente.

Pero lo más deslumbrante es el derroche de tallados policroma­dos en piedra, que se levantan en un himno de gloria hasta el remate de la cúpula excelsa y ver­tiginosa, llena de luz.

Desde su cumbre y dando fren­te a la ciudad se destaca una cruz de grandes dimensiones, que se colocó el 10 de Enero de 1900, como símbolo por la expiración del siglo.

La celebración de la festividad de la Cruz de Cajamarca es toda­vía un acontecimiento religioso que se celebra en dicho cerro.

A poco menos de un kilómetro del cerro Santa Apolonia, en el lugar llamado hoy “Agua Tapa­da”, estaba el Templo del Sol.

Consistía en una habitación si­tuada al centro de un patio cer­cado y sombreado con árboles Keñua, al NO de Santa Apolonia y dentro del área de la población estaba el Acclla-Huasi o talleres de arte textil de las Mamacunas, dispuestas alrededor de una pequeña plaza rectangular.

LA RECOLETA

La iglesia de La Recoleta se encuentra en el populoso barrio de San Sebastián, contigua al antiguo colegio de San Ramón.

Ostenta una fachada sobria, que difiere de las demás iglesias cajamarquinas, luce espadañas en triple arco en lugar de torres y elegantes roleos en el campana­rio. En el frontis está la Virgen de las Nieves.

PORTADAS COLONIALES

Las viejas casonas de la ciudad de Cajamarca son de regular construcción, fabricadas de adobe y cubiertas con techos de teja.

Muchas de ellas ostentan pór­ticos de piedra con singular talla­dura, amplios callejones que conducen a patios coloridos y alegres, que obligadamente albergan un florido jardín.

Las 104 portadas de piedra ta­llada, de puro sabor colonial, son dignas de admiración.

Según describe el notable arquitecto Héctor Velarde, “las casas tienen fachadas muy sobrias, pero no fo-man grandes conjuntos, se limitan a encuadrar el vano de entrada con marcos de piedra en que se observan moti­vos muy particulares de orna­mentación. Los frecuentes son los adornos de pequeños rectán­gulos o rombos que forman hile­ras en los dinteles o se superpo­nen en las alargadas ménsulas, que hacen resaltar la parte supe­rior de los entablamentos”.

Entre las viejas casonas que más llaman la atención está la del “Conde de Uceda”, con sus dos balcones y su hermosa portada, ”con marcos bordados con zarci­llos con abundancia de selva pero con algo de perfume gótico. Está ubicada en la calle Apurí- mac N° 719.

Otra casona notable es la de “Toribio Casanova”, en la calle José Gálvez N° 938, mansión colonial cuyo interior conserva el estilo morisco y el hermoso tallado de sus puertas y ventanas y balcones con bellos bolillos.

La “Casa de los Santisteban”, en la calle Junín 1123, cuya fachada ostenta el escudo nobi­liario de la familia; ha sido reconstruida siguiendo los mis­mos lincamientos.

La entrada del Instituto o Co­legio de Belem, es una portada con un bellísimo vano rectangu­lar flanqueado por gruesas columnas ricamente esculpidas.

El Colegio San Román tiene un estilo sobrio y barroco, con vetustos y hermosos claustros de arquerías y columnas empotra­das.

SANTA APOLONIA

Ningún viajero que llega a la ciudad de Cajamarca deja de sentir la tensión de contemplar la pintoresca campiña desde la colina de Santa Apolonia.

Su nombre primitivo fue de INGA-CONGA. Y los españo­les la llamaron primeramente San Francisco de Monte Alber- na.

Poco después la denominaron Santa Apolonia, por haberse construido allí una capilla a la santa de este nombre.

Esta pequeña colina fue en tiempos pre-incas una venerable Huaca, dedicada al culto de los muertos, según el historiador Rodolfo Ravines.

Su conformación es de Porfi- rita -cantería- la piedra de la que han construido las iglesias y demás edificios coloniales de la ciudad.

Se ve en la cumbre los restos de un altar tipo chavín, que en rigor se 

trataba de altares propiciato­rios para el culto de los muertos, no así sillas para que desde ellas contemplara el monarca inca el panorama, como erróneamente se afirma comunmente.

Esta Huaca resistió con su culto la influencia del cristia­nismo y sólo se amortiguó cuando la pica demoledora de los extirpadores de idolatrías, tan fanáticos e idólatras como los adoradores de la Huaca, echó por tierra los adoratorios de los indios.

En las faldas de este cerro, y muy cerca de la ciudad, situó Pedro de Candía su falconete con el que aterró a los indios en la sabatina del 16 de Noviembre de 1532.

Una amplia carretera, con un inicio difícil e incierto, conduce hasta la cima de este montículo preñado de historia, cuya altura es de 2,875 metros sobre el nivel del mar. Los que deseen subir a pie pueden hacerlo utilizando una de las dos escalinatas que existen, una en el pasaje 2 de Mayo, y otra en el de San Martín.

EL“CUARTO DEL RESCATE”

El Cuarto del Rescate, llama­do también Palacio del Inca, se encuentra ubicado a inedia cua­dra de la Plaza Mayor actual, en el jirón Amalia Puga No. 722.

El Palacio, medio derruido, conserva aún intactas las paredes del Cuarto del Rescate, que son de piedra pulida. El Cuarto está oculto entre pobrísimas cons­trucciones de adobe que pertene­cen a la Beneficiencia de Caja- marca.

Está construido de aparejo po­ligonal regular y es de estilo neo­clásico inca, con sus bloques sen­tados sin pegamentos y engram- pados unos a otros.

El espacio a llenarse de oro y plata era de 22 pies de largo, por 16 de ancho y 9 de alto.

Salieron emisarios del Inca por todo el Imperio. Pero el oro lle­gaba demasiado lentamente para la avidez hispana.

Pizarro envió expediciones pa­ra acelerar a los portadores.

Y   se amontonó el fabuloso bo­tín de Cajamarca, uno de los más grandes tesoros de la humani­dad.

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