Compartir

La ciudad de Tarma

De La Oroya a Tarma hay 58 kilómetros de carretera afirma­da. Solamente algunos kilóme­tros inmediatamente antes de ingresar a Tarma están pavimen­tados.

Los diez primeros kilómetros corren paralelos al Mantaro, has­ta Paccha, donde se cruza el río y se comienza a ascender hasta el Abra de Cochas, a 4,367 metros de altura sobre el nivel del mar.

Desde este punto la carretera empieza a descender violenta­mente hacia el valle de Tarma, formando innumerables curvas y desarrollos.

Conforme se va avanzando se aprecia más la hermosura y gran fertilidad de este profundo valle serrano, cuyos sembríos trepan en las suaves laderas de los cerros entre huertos y bosques de euca­liptos.

Pintorescos pueblos de casas con techos de rojas tejas apare­cen aquí y acuyá en las laderas, entre el cuadriculado de todos los tonos de los verdes que ofrecen los diferentes sembríos: cebada, maíz, trigo, pastos, etc.

Al fondo del valle, como si fuesen gigantescas alfombras, aparecen simétricos cultivos de millares de flores, en una gama infinita de brillantes colores.

El espectáculo es así encanta­dor y de uña sencilla paz bucólica que enternece el espíritu y lo pre­dispone a la meditación.

En los últimos tramos la carre­tera está bordeada por decenas de olorosos huertos y por una feraz campiña en la que los cam­pesinos trabajan laboriosamente la tierra.

Cada curva depara un nuevo espectáculo panorámico del hondo valle soleado, mientras que a la vera van apareciendo los sencillos pueblos como dormidos en un lugar donde pareciera que se ha detenido el tiempo.

Por los empinados senderos rodeados de tapiales coronados de espinos y de magüeys, van pasando las polvorientas maja­das de ovejas o de gordas vacas lecheras.

Precisamente ellas han dado a Tarma la fama de su sabroso “manjarblanco”, que es elabo­rado en grandes pailas en muchas de estas pequeñas villas.

La ciudad de Tarma, ubicada a 3,050 metros de altura sobre el nivel del mar, es una ciudad aco­gedora y sosegada, que todavía en muchos rincones guarda el añejo sabor de su lejana funda­ción: 1538.

Su luminoso sol, la claridad diáfana de su atmósfera y la vege­tación pródiga que la rodea, la convierten en un centro climático de primer orden; con recursos propios y un conjunto de bellos paisajes, alegre folklore y vida apacible.

Fue transformada en muchos aspectos en una ciudad moderna en 1956, durante el gobierno del General Manuel A. Odria, tar- meño de nacimiento, quien la dotó de numerosas construccio­nes como un Hotel de Turistas que es el mejor del Perú; Palacio Municipal, un Hospital Regional en un edificio de siete pisos, Mer­cado Modelo, una nueva Cate­dral, etc. Precisamente en el inte­rior de esta catedral reposan ahora los restos de ex Presidente Odría, quien fuera declarado “Hijo Predilecto de Tarma”.

ARTESANIAS

A lo largo y ancho de la tierra junina hay multitud de pueblos de artesanos que realizan primo­rosos trabajos de alfarería, buri­lado de mates, platería, tejido y bordados; con sistemas y diseños

TEJIDOS

Uno de los más famosos pue­blos de tejedores es el de San Pedro de Cajas, ubicado en la provincia de Tarma, a 55 kilóme­tros al norte de La Oroya. La riqueza de sus tejidos y la maes­tría de sus tejedores es ya prover­bial. (El Club de la Unión de Li­ma también luce decenas de maravillosos-tejidos, alfombras, tapices de Cajas). Y multitud de viajeros de todas partes del mundo los buscan con fruición.

Es difícil encontrar en Cajas una casa en la que falte un telar. Ellos producen tradicionalmente frazadas, ponchos, mantas, tapi­ces, etc. con su característico diseño y alta calidad. Pueden realizar cualquier dibujo a las dimensiones que se les solicite.

Los tejedores sanpedranos uti­lizan en la confección de sus artí­culos algodón, lana y fibras sin­téticas. Los colores los logran en la mayoría de las veces con tintes obtenidos de plantas de la región, cuya preparación es reco­gida de generación en genera­ción. Por ejemplo, el carmesí lo obtienen de una yerba que crece en la pampa dé Junín, de color blancuzco, raz<in por el cual su nombre en quechua quiere decir “nevada”.

El valle del Mantaro tiene en el pueblo de Hualhuas, tejidos de alpaca de bandas paralelas; y en Sapallanga y Huayucachi son famosos sus bordados.

LOS MATES BURILADOS

Las humildes calabazas o “ma­te” del campo son transformadas por los eximios artesanos huan-> cas en luminosos objetos artísti­cos. Entintan la superficie de la calabaza de manera que al reali­zar con un cuchillo o buril capri­chosos dibujos, estos aparecen blancos en un fantástico com­plejo de formas representando personajes, procesiones, fiestas, etc. En algunos casos el mate es decorado con ácidos y pincel. Los mates burilados de Cochas Grande y Cochas Chico, son muy afamados.

Los plateros realizan sus obras de filigrana elaborando peque­ños pavos reales de frondosa cola, pulseras, anillos, medallas, collares, aretes, etc. San Jeró­nimo de Tunán es uno de los cen­tros más afamados.

 

Dejar un Comentario