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La Marinera

La Marinera es un baile perua­no por excelencia. Y lo es así por­que en su ritmo y en su coreogra­fía sintetiza el alma peruana, como en un crisol mestizo.

En el ronco redoble del cajón y en la quimba mórbida de las caderas de la hembra, aflora el ancestro negro, de lejano esclavo del cañaveral. Es la herencia de la primitiva zamacueca o moza- mala de bozales y mulatos.

En la elegancia del pie femeni­no, en los arabescos del pañuelo en la mano, en el repiqueteo de las palmas, en la arrogancia del gesto y figura, encontramos al blanco, dorado, conquistador y enamorado. Es la herencia de la, jota aragonesa y de los requie­bros del fandango o la elegancia del minué.

Y en el ¡ay! dolorido que derrepente rasga el ritmo, encon­tramos a la expresión indígena que suena a la vez con la tristeza de un lamento y el reclamo de una raza postergada por centu­rias.

Todo este abigarrado conjunto se fue amalgamando con el tiem­po. Por eso la Marinera es perua­na. Y hasta en su nombre lleva la peruanidad, porque la bautiza­ron con el nombre de “Marinera” en homenaje a la gloria de Grau, cuando con el Huáscar electri­zaba al mundo con sus increíbles hazañas marineras.

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